Articoli

El Premio Ipazia a la Excelencia Femenina 2026 es para Julia Varley.

La voz que trasciende fronteras: el Premio Ipazia a la Excelencia Femenina 2026 es para Julia Varley.

El teatro no es meramente un espacio físico; es un bastión de memoria, encuentro, resistencia y linaje. Es algo que perdura, incluso después de que las luces se atenúan y el telón cae.

Cuando la comunidad teatral se reúne para celebrar una trayectoria extraordinaria, el evento trasciende la simple ceremonia de entrega de premios y se transforma en un acto a la vez político y poético. Este es precisamente el caso del “Premio Ipazia al Teatro” 2026, otorgado en el marco de la 22.ª edición del “Festival dell’Eccellenza al Femminile” (Festival de la Excelencia Femenina).

Este año, el prestigioso galardón recayó en Julia Varley -actriz, directora, autora y figura fundamental del Odin Teatret-. Es una mujer que ha dedicado su vida entera al teatro, recorriendo no solo sus ámbitos más visibles sino, sobre todo, los más ocultos.

El premio, instituido en el marco del festival con sede en Génova y dirigido por Consuelo Barilari, rinde homenaje a Ipazia de Alejandría: científica y filósofa que simboliza la autodeterminación, la libertad intelectual y la resistencia frente a toda forma de oscurantismo.

Es un nombre que parece alinearse de forma natural con la propia trayectoria de Julia Varley; una artista que ha hecho de la exploración, la libertad y el acto de dar voz a quienes no la tienen los hilos conductores de su vida.

Al conocer la noticia del galardón, Varley respondió con palabras sencillas, casi íntimas: «Acepto el premio con alegría; gracias por pensar en mí. Gran parte de mi trabajo fluye a través de corrientes subterráneas que reciben escaso reconocimiento oficial, por lo que me siento doblemente agradecida».

Quizás sea precisamente en esas corrientes subterráneas donde reside la clave para comprender su trayectoria. Pues Julia Varley eligió una forma de teatro que nunca necesitó ocupar el centro de atención para dejar huella. Un teatro que camina entre la gente, se vincula con las comunidades y sabe escuchar.

Un teatro que a menudo opera lejos de los focos y que, precisamente por ello, logra alcanzar niveles profundos. En suma, un teatro que se adentra en el tejido mismo de la experiencia social y humana.

Nacida en Londres en 1954 y formada política y artísticamente en Milán, Varley se unió al Odin Teatret de Dinamarca en 1976. Junto a Eugenio Barba, participó en una de las experiencias más radicales y fructíferas del teatro contemporáneo.

El cuerpo, la voz y la presencia del actor —así como su relación con el espacio y la comunidad— se convirtieron en instrumentos de una exploración que trascendía la mera representación. En esta labor, el actor no se limita a interpretar un texto; encarna la memoria, la fisicidad, la voz y la presencia. Son portadores de una cultura en riesgo de permanecer invisible. Y Julia Varley ha prestado cuerpo y voz a esa cultura sumergida.

Ha llevado sus espectáculos a escenarios de todo el mundo; sin embargo, su historia artística no puede narrarse únicamente a través de las obras. Existe todo cuanto sucede a su alrededor: los encuentros, las relaciones, las batallas libradas y las redes tejidas a lo largo del tiempo.

Existe la convicción de que el teatro puede ser también un espacio donde se transforma la propia perspectiva del mundo. Sin embargo, su trayectoria artística no se ha limitado a la interpretación. El Premio Ipazia la reconoce como una activista de las artes escénicas, capaz de vincular indisolublemente la inspiración artística con el compromiso por la igualdad de género y los derechos humanos.

Una parte fundamental de su camino está ligada al Proyecto Magdalena, una red internacional de mujeres en el teatro contemporáneo fundada en 1986. Varley ha sido una de sus figuras clave, contribuyendo a forjar vínculos entre artistas separadas por la geografía, la cultura y el idioma.

A través de esta red, mujeres que de otro modo nunca se habrían conocido se unieron para compartir experiencias, interrogantes, vulnerabilidades y herramientas. Es una labor paciente, tejida con hilos que pueden parecer delicados pero que, con el tiempo, conforman un tejido resistente: uniendo a artistas de todos los rincones del mundo y ofreciendo visibilidad, intercambio crítico y apoyo a prácticas teatrales a menudo marginadas.

No es casualidad que uno de sus hitos artísticos recientes sea la producción “Compassione” (Compasión), dirigida por Eugenio Barba; en ella, Varley da voz y cuerpo a las historias de mujeres que defienden con firmeza la esperanza y la dignidad en zonas de conflicto.

Asimismo, en 2020 cofundó la Fundación Barba Varley junto a Barba. Su objetivo era apoyar el teatro desde los márgenes: a las figuras «sin nombre» de la cultura y a los grupos que operan en condiciones de gran desventaja o persecución política.

La concesión del Premio Ipazia a Julia Varley honra, por tanto, una visión del teatro que se niega a sucumbir a la naturaleza efímera del consumo rápido. Celebra a una actriz que ha transformado su voz en un instrumento de precisión geométrica —haciendo eco de la esencia misma de Ipazia— capaz de desmantelar dogmas y barreras patriarcales para devolver al ser humano al centro.

Patrizia Pertuso